En unos días arranca la II Semana de la Sostenibilidad en Rivas Vaciamadrid. Son muchas las actividades que se pondrán en marcha en torno a este evento y, como posiblemente ya haya comentado en alguna ocasión en este blog, tengo el placer y el honor de participar en alguna de ellas como parte del Eje Ciudadanía en Red.

del 22 al 27 de febrero se celebra la II Semana de la Sostenibilidad
Una de estas actividades pasa porque gente que habitualmente escribe en las redes sociales trate de imaginar y compartir su punto de vista sobre cómo sería la vida en el año 2030. El reto me pareció atractivo y, agradecido por el reconocimiento de los organizadores, me sentía en la obligación de intentar aportar mi granito de arena.
Ahí va.
Santiago Molina Cruzate
Echando la vista atrás
Recién llegado después de 18 largos meses recorriendo el planeta, me dispongo a plasmar en mi libreta un millón de ideas que recorren mi cabeza y que no me gustaría quedaran en el olvido. Un buen amigo me dijo una vez que quienes disfrutamos intentando hilar unas cuantas frases que nos ayuden a organizar nuestras vidas, tenemos la obligación moral de hacer de narradores del mundo y de punto de conexión entre distintas generaciones. Demasiada responsabilidad me parece esa pero tampoco creo que ello pueda ser excusa para que no comparta algunas reflexiones con todos ustedes.
Mi nombre es Nacho y nací en el año 2011. Si todo va bien, el próximo mes de junio cumpliré diecinueve años y creo que trascurrida esta etapa de mi vida, el momento se presenta idóneo para echar la vista atrás y hacer un breve análisis de estos primeros pasos. Me llama la atención las muchas expectativas de quienes especulaban años atrás con lo que sucedería en todo este tiempo y confío en que no se sientan demasiado defraudados si en nada o en poco coincide lo que yo he podido ver con lo que otros soñaron.
Es cierto que el ahorro y eficiencia energética enseguida formó parte de nuestras vidas y que el consumo eficiente de la energía se convirtió de inmediato en ámbito de conocimiento obligado en Escuelas y Facultades de todo el mundo. También disfrutamos de una progresiva regresión al ámbito rural y de un considerable despoblamiento de las ciudades desde el mismo momento en que compañías pioneras comenzaron a apostar por la gestión del talento y la asignación de tareas en base a resultados y no sobre criterios temporales. Por más vueltas que le doy, no consigo comprender cómo hemos tardado tanto tiempo en alcanzar éste modelo y cómo es posible que durante años la gente se desplazara 30, 40 o más kilómetros todos los días con el principal propósito de cumplir un horario. Afortunadamente eso es historia, como lo es el sistema educativo basado en la realización de pruebas y exámenes que en absoluto potenciaban el desarrollo de habilidades y cuyos principales logros fueron durante años la desmotivación generalizada de alumnos y docentes y un consumo desproporcionado de recursos en cualificación de profesionales que nunca llegaron a poner en práctica los conocimientos adquiridos. Los programas educativos son ahora globales, afectan a la totalidad de la comunidad y tienen por objeto potenciar aptitudes en los jóvenes desde su más tierna infancia hasta su salida de los centros universitarios. Todos estos programas incluyen periodos de apoyo a colectivos desfavorecidos y todos incorporan a su vez estancias prolongadas en diversas partes del mundo. La universidad como tal ya no se circunscribe a un espacio físico y combina la participación del alumno en campus virtuales con el desarrollo de sesiones prácticas en distintos puntos del planeta. Nos costó entenderlo pero por fin las universidades son reconocidas a nivel global no por la tradición y la nostalgia de quienes un día formaron parte de ellas sino por el conocimiento que comparten y la trayectoria de quienes día a día la hacen posible.
Con todo ello, las cosas no han cambiado tanto en lo verdaderamente importante. Las personas siguen apostando por personas y todos seguimos buscando mantener un vínculo afectivo con aquello que sentimos forma parte importante de nuestras vidas. Cierto es que la tecnología permite reducir buena parte de los inconvenientes de encuentros presenciales innecesarios sin renunciar a la mayoría de sus ventajas pero no es menos cierto que, aunque sólo sea porque nos apetece y nos hace un poco más felices, todos seguimos reuniéndonos con familia, amigos y personas afines con razonable frecuencia.
Hoy, después de casi dos años, vuelvo al pueblo que me vio crecer y donde, si todo va bien, comenzaré en breve nueva etapa ahora que he finalizado un primer hito en mi formación universitaria visitando más de veinte países. Gustoso seguiría relatando los pormenores de estos primeros años pero he quedado con Nahuel y Daphne, dos hermanos y buenos amigos con los que coincidí durante mucho tiempo siendo joven y con quien tengo intención de recordar viejos tiempos a golpe de cañas y sonrisas.
Y no, que no se preocupen los nostálgicos que en el 2030 sigue habiendo cañas y motivos para tomarlas.
Con su permiso, retomaré reflexiones en otro momento.